viernes, 16 de noviembre de 2012

Tu nacimiento y mi parto en casa...

Para mi amada Josefina...

Y tu hermana mayor vino a este mundo con una misión. Sacrificó su nacimiento y sus primeros días de vida para que nosotros aprendamos y para darte a vos una mejor entrada a esta vida…

Y aparecieron las dos rayitas. Estábamos embarazados por segunda vez! Nos inundaron muchos sentimientos. Alegría, entusiasmo, esperanza y CERTEZA. Certeza de que esta vez seríamos nosotros protagonistas de tu nacimiento. De nuestro nacimiento.

Y así llegamos al equipo de Naciendo en Casa. Silvia Corso, Ana Becu, Natalia Idiart y Sandra Rodríguez. Algo dentro mío decía que tenían que ser ellas, que iban a ser ellas, parteras, quienes acompañarían mi parto en casa. Las conocimos en una reunión donde había otras familias que buscaban información acerca del parto en casa. Fue una conexión al instante.

Y empezaron las consultas con el obstetra y con ellas, nuestras parteras. Después de un tiempo ya no fui más al obstetra. No tenía sentido. Yo estaba sana. Y las consultas con las parteras no tuvieron desperdicio. Cálidas, respetuosas, en familia… Así como iba a ser el parto…

Y sentí dos llamados importantes dentro de mi corazón durante el embarazo. El primero me decía que María tenía que estar con nosotros el día de tu nacimiento y que la tía Flor estaría para ella como siempre lo estuvo para mí: incondicional. Y sin siquiera pensarlo dijo que sí, que nos acompañaría con mucha felicidad ese día tan importante… Y sabía yo también que tenía que estar la tía Celes porque quería hacerle un regalo que la marcara para toda la vida. Y vino y su presencia fue muy importante para mí.

Y así fue que la mañana del 14 de agosto me levanté sintiendo unas leves contracciones, cada diez o quince minutos. La llamé a Silvi para que esté al tanto. Creía haberlas sentido durante la madrugada también, pero seguí durmiendo… María fue a la casa de la abu Adri, como habíamos pactado el día anterior, ya que no tenía jardín. Y papá se fue a trabajar… Ordené un poquito la casa, me puse unas canciones de Rosa Zaragoza y decoré la casa para tu bienvenida. Globos, carteles… Canté, bailé. También fui al almacén y traté de descansar un poco. Cerca del mediodía le dije a papá que venga. Más tarde fueron cayendo las mujeres… Silvi, Ana, Flor, Celes y María…


Llovía. Tomamos unos mates. La casa estaba tranquila. En penumbras. María estaba feliz. Las contracciones un poquito más fuertes, pero no se acercaban como yo esperaba… Seguían cada 10 minutos. Me abrazaba a Mati. Celes me frotaba con aceitito la espalda baja… María nos abrazaba. Mates…. En el ambiente se respiraba un aire distinto, algo que nos decía que nueva vida estaba llegando…


Y fui perdiendo tapón. Me tomaron la presión una sola vez. Y algunas veces escuchamos tus latiditos que estaban perfectos. Ana nos decía con mucha paz: “Está muy bien Jose”. Las contracciones eran cada 10 minutos aproximadamente, nunca se juntaron. Pero sí se hacían más intensas. Después de unas horas (supongo porque no veía el reloj y el tiempo pasaba de una manera atípica) me senté sobre una pelota, me saqué ropa y nos fuimos a la habitación. Corrimos la cama lo más que pudimos y quedó un pasillito entre el placard y la cama. Ahí nos quedamos un tiempo. Me movía sobre la pelota. Me hacían masajes en la espalda. Tomé mucho agua con hielo. Estuve un tiempo en cuatro patas sobre la cama… Recuerdo que le pregunté a Silvi: “Duele que se rompa la bolsa?”. No dolió nada. Lo sentí, fue mágico. La sensación es inexplicable. Primero un “plaf” adentro y después unas gotas de agua…

Tu papá estaba a mi lado. Me acariciaba. Me decía que lo estaba haciendo bien. Me daba la mano y me besaba… 

Vinieron las contracciones más fuertes. No las recuerdo como dolorosas. Pero si me costaba respirar. Entonces Ana empezó a respirar profundo al lado mío y yo empecé a imitarla. Era muy relajante. Así que intenté respirar así el resto del trabajo de parto.

También estuve un rato en el baño y recuerdo que la tía Flor me acariciaba la pierna y Silvi me daba cubitos de hielo... En algunos momentos sentí náuseas, pero no vomité.

Yo sentía que faltaba poco pero al mismo tiempo parecía que no pasaba nada. Le pedí a Silvi que me revisara y ya estaba con dilatación completa.

Pasó más tiempo, no sé cuánto. María dormía en su pieza y nos dejaron solos a papá y a mí. En ese pasillito que habíamos inventado y que yo había hecho mío. Yo estaba en el banquito de parto y papá sentado atrás mío. Nos dijimos lo mucho que nos amábamos y lo felices que íbamos a ser los cuatro. Tuve una contracción y le apreté fuerte las rodillas a papá. Unos minutos. Otra contracción. Se despertó María. Llamé a Silvi. Papá no entendía para qué ni porqué…

Para ese entonces ya estábamos todos en la pieza. María a upa de papá. Silvi y Ana haciendo piruetas en el piso porque no había nada de lugar. Y Silvi dijo lo que todos estábamos esperando: “Está la cabecita!”. Papá se largó a llorar. Yo le dije “Qué hago?”. No quería hacer nada mal… Sentí el aro de fuego. Ardía. Y me dijo Silvi, tan en paz, tan serena, “Respirá”. Y en la próxima contracción saliste sola. No hice nada, no pujé. Solita saliste suave a este mundo. El 15 de agosto de 2012 a las 8:15am, EN CASA.

Te abracé fuerte y lo primero que te dije fue: “No nos van a separar!”. Me llené de vos y vos de mí en una eterna mirada. Y nos enamoramos!!

Estábamos todos muy felices!! María enseguida fue a buscarte un chiche y te hacía mimitos mientras te revisaban. Una hermosa nena de 3480kg y 50cm.

Alguien hizo mate, creo que papá, el más rico que tomé en toda mi vida!

Y ahí me desconecté de planeta parto y, creo yo, por eso tardó 3 horas y media en salir nuestra queridísima placenta… Aprendí que el parto no termina hasta que se alumbra la placenta.

No me alcanza la vida para darle las gracias a nuestras parteras, Sil y Ana, siempre fieles, pacientes, amorosas, humanas… Estoy eternamente agradecida con la tía Flor y la tía Celes que dejaron sus casas, sus familias, para estar junto a nosotros. No hubiese sido lo mismo sin ellas… Y a papá mis gracias infinitas. Desde ese día lo amo mucho más, él es mi soporte, mi amigo, mi compañero…

Espero que siempre quede la huella en vos de un nacimiento rodeado de amor y respeto. 

Qué seas muy feliz, hija!!! TE AMO!!!


10 comentarios:

  1. Respuestas
    1. Pao que hermoso leer tu relato, que feliz me hace haber compartido ese momento Besos

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  2. Lindo!! Gracias por compartir una historia tan bella. Feliz vida a la gran familia!

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  3. Que precioso relato Pao. Una llegada a este mundo PERFECTA. Felicidades Por Josefina. Felicidades a vos bella Mamá.

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  4. Precioso, Pao... yo lo estaba esperando con muchas ansias. Es mucho más hermoso de lo que me había imaginado. Gracias por compartirlo!

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  5. Paola, me emocionaste profundamente, me lo lloré desde que detuve la lectura y te vi sentada con el mate en la mano, te veías hermosa con esa tremenda panza. Escribo y no paro de sentir esa emoción, eres una valiente, yo no me atrevería.
    Fue un parto hermoso, integrador.
    Bendiciones.

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