miércoles, 4 de julio de 2012

Una madre...

Una madre está dando el pecho tan tranquila. De pronto, por el motivo que sea, se le mete (le meten) en la cabeza que su hijo se queda con hambre. Porque no aguanta tres horas. Porque llora. Porque se despierta. Porque se chupa los puñitos. Porque no hace caca. Porque mama mucho. Porque mama poco. El motivo es indiferente, el caso es que llega el día fatídico en que le dan al niño el primer biberón. Muchos, sobre todo si tienen más de dos o tres meses, no se lo querrán tomar, porque no tienen hambre. Pero los más pequeños, pobrecitos, a veces se dejan engañar. Y a veces, la madre insiste uno y otra vez o incluso le recomiendan no dar el pecho para que así el niño tenga hambre y se tome el biberón.

Si el niño se toma el biberón, que en realidad no necesitaba para nada, habrá quedado lleno de leche hasta la bandera. Cada día tomaba 500 mililitros de leche, y hoy se ha tomado 50 o 100 más. No estamos hablando de tomar un poquito más de lo habitual, sino de un 10 o 20% más. ¿Le quedan a usted muchas ganas de moverse, después de la comida de Navidad? Si el niño se despertaba, no se volverá a despertar en varias horas; si lloraba, no llorará; si se chupaba los puñitos, no se los chupará. <<¿Ves cómo tenía hambre? Ha sido darle un biberón, y por fin ha podido descansar, pobrecito.>> ¡Sí, descansar! Lo que está el pobre niño es empachado.

Las Navidades en España son un desafío para nuestra digestión. Hay como mínimo dos grandes atracones familiares seguidos (en algunas zonas, Nochebuena y Navidad; en otras, Navidad y San Esteban). ¿Qué hace al día siguiente? Comer fruta. Nadie puede hacer tres comidas de Navidad seguidas. Lo mismo le pasa a nuestro bebé: si un día se ha dejado engañar y se ha empachado, no lo volverá a repetir. Al día siguiente pienso: <<Si me van a dar 100 mililitros de biberón, más vale que sólo tome 400 de pecho, o voy a reventar>>. Puede que la madre lo note, o puede que no; pero, aunque haya mamado el mismo número de veces y durante el mismo rato, habrá tomado menos leche, porque tiene que dejar sitio para el biberón. Así que el biberón, que el primer día fue mano de santo, al tercer día ya no hace efecto: si lloraba, vuelve a llorar; si se despertaba, se vuelve a despertar; si se chupaba el puñito, se lo vuelve a chupar. La madre piensa: <<Se me está yendo la leche, le tendré que dar otro biberón>>; y en parte acierta, porque la leche se le está yendo, pero lo que ella no sabe es que la causa es precisamente el biberón, y que la solución no es añadir otro, si no suprimir el primero. Así que ahí va el segundo biberón, y luego el tercero, y luego el cuarto… Lo hemos visto cientos de veces: cuando se empieza con biberones, el pecho suele irse a hacer puñetas en un par de semanas. El biberón, decía no sé qué médico famoso hace cosa de un siglo, es la tumba del pecho.

Así que el niño que mamaba 500, luego mama 400, 300, 200… Si la madre siguiera fabricando 500, ¿dónde iría a parar la leche sobrante? En dos semanas, la madre acudiría desesperada a urgencias, con pechos inflamados de varios kilos de peso, maldiciendo su destino: <<Empecé hace quince días a darle biberones y claro, como no me vacía, mire cómo me he puesto>>. Pero eso no ocurre jamás; todo lo contrario: <<Empecé a darle biberones, y ahora ya no quiere el pecho y me he quedado sin leche>>.

Cuando un niño mama cada vez menos, sale cada vez menos leche. […] Si le da a su hijo cada vez menos biberón, mamará cada vez más y usted tendrá cada vez más leche. En unos pocos días podrá tirar todos los biberones a la basura.

Extracto del libro UN REGALO PARA TODA LA VIDA del Dr. Carlos González.

4 comentarios:

  1. Había escrito un comentario y tendido sobre mi experiencia que se parece bastante a este post pero se me borro. Intentaré resumirlo. Por dos meses y medio di lactancia exclusiva a mi bebé que ahora tiene 4 meses, como sólo estaba dando pecho por un seno (en el otro no me salió leche por una cirujía que tuve años atrás) el pediatra, el mastólogo y mi obstetra me dijeron que iba a ser muy difícil suplir la demanda de mi hija. Comencé a darle fórmula y al cabo de tres semanas empezó a vomitar. Sabía que era la fórmula así que la paré la cambié a otra y obtuve resultados peores. Así que decidí escuchar a mi hija y a más nadie e intenté con el pecho exclusivo de nuevo., Ahora tiene 4 meses y una semana y no sólo tengo leche para alimentarla sino además para hacer un banco. Moraleja: uno debe escucharse a uno, a su cuerpo y a su bebé. A más nadie.
    Un abrazo!

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    1. ay me muero de amor con lo que contas!!!! que buenoooooooo!!! te reeeeeeeee felicito!! no hay nada mejor que escucharlo de una mama que paso x algo asi... sos lo mas!! me dan ganas de abrazarte!!

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