jueves, 28 de julio de 2011

Un largo camino...

Cuando me enteré que iba a ser mamá supe que, del modelo que tenía, había muchas cosas que quería cambiar. Pero no tenía en claro por dónde empezar.
En el babyshower que mis amigas prepararon para mí y para María recibí un regalo muy especial. Mi amiga, Gigi, me regaló "La Maternidad y el Encuentro con la Propia Sombra" de Laura Gutman. Ella no lo había leído, pero una amiga se lo había recomendado y por alguna magia divina lo puso en mis manos.
Lo comencé a leer un poco antes del nacimiento de María y lo terminé con ella en brazos.
Fue en esas páginas y en esas palabras que encontré el "permiso" para ser la madre que yo quería ser. Supe que me iba a encontrar con discursos opositores y miradas inquisidoras, pero que no debía hacer caso. Empecé a confiar en mí, en mi instinto y en el amor profundo y eterno que siento por mi hija.
Mi compañero, Matías escuchaba cada cosa que le explicaba con mucha atención y decidió acompañarme... Es el día de hoy que cuenta a todo el que conoce mi filosofía, mi manera de ver la maternidad, las cosas que leo, pienso y digo :)
Los cambios nunca son rápidos. Y cambios me refiero a los internos porque por más que yo no haya sido madre antes, dentro mío tenía que cambiar muchas cosas vividas, aprendidas, transmitidas y escuchadas. Conceptos que ya no comparto. Ideas que defiendo.
Cuando María ya tenía un año. Yo seguía leyendo libros, escuchando historias... Y me empecé a encontrar con gente que pensaba y sentía como yo. Ya no me sentí tan sola. Es verdad que pienso distinto a la mayoría, pero hay una minoría que me acompaña y que para mí pisa fuerte.
Entonces decidí que era hora de hacer un análisis más profundo y hacer, como dice Laura Gutman, mi "biografía humana". Hice terapia con una psicóloga del equipo de Crianza. Mi objetivo era perdonar a mi mamá y pedir ayudar para no cometer los mismos errores. El camino fue muy duro, más de lo que yo pensaba. Lloré mucho. Drené tristeza desde lo más profundo de mi niñez. Descubrí mi personaje, mi violencia. Aprendí de mí, de mi mamá, de mi abuela, de mi bisabuela... Lo más importante es que obtuve muchas herramientas para ser la mamá que yo quiero ser.
El proceso es continuo, no termina porque haya leído un libro o todos. Es una transformación que vivo todos los días. A veces, fallo, tropiezo... Pero lo reconozco, lo veo, lo analizo, nunca lo paso por alto, pido perdón y sigo adelante. Creo firmemente que cada día voy a ir equivocándome menos y siendo más esta mamá que quiero ser: puro amor.
Acá les dejo una foto que retrata lo que aprendí como mamá. Lo que mis familiares, compañeros de trabajo y etcéteras de personas piensan que está mal. Pero a mí me parece tan BIEN. La miro y pienso: qué maravilloso es para mi hija tener la libertad de escribirse los pies, de mojar una galletita en el té, de enchastrarse con lo que sea, de meterse el dedo en la nariz, de abrir todos los tarros de semillas, especias o harina de mamá!! No es maravilloso?

2 comentarios:

  1. Amiga me hiciste lagrimear. Que lindo y que dificil llegar a ser las madres que queremos ser.
    No se si es una minoria en la que estamos, me parece que somos mas de las que pensamos pero hay muchas escondidas, por el maldito "que dirán".

    De más está decirte que esta foto de la Cholita me encanta!

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  2. GRACIAS MICA! Recién te puedo contestar... Puede ser que seamos más de las que yo creo. Parece que empiezan a salir! =)

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